Tuesday, January 03, 2006

Sacerdote a la fuga

Anodis.com

Érase que se era en los años ochenta un curita en un pueblo de la región de Tehuacán. Todo iba bien en su ministerio vicioso hasta que un día fue golpeado por algunas de sus víctimas, varones menores de edad, en Cuacnopalan, Puebla. Todo el pueblo se enteró de cómo un día amaneció con la cabeza rota en medio de un gran charco de sangre y con pistas evidentes de una bacanal sexual "marca diablo", según testimonios. Vecinos molestos planeaban el modo de cobrarse la afrenta, por eso los superiores del padrecito, temiendo episodios de sangre, violencia y escándalo mayúsculo para la Santa Madre Iglesia lo mandaron fuera, arrancaron la espiga corrupta para que no dañara la buena y lucrativa cosecha de almas en ese obispado sureño.

Pareciera argumento de una mala telenovela de Taravisa o el guión de la segunda parte de "La Mala Educación", o quizás la encarnación piadosa del Padre Amaro. Pero no, es un hecho real y actual donde están implicados autoridades judiciales de la enitdad y los grandes jerarcas de la Iglesia Católica, Norberto Rivera Carrera y Rosendo Huesca y Pacheco, a la sazón actual arzobispo primado de México y el mandamás de la arquidiócesis de Puebla, respectivamente, quienes están involucrados hasta las sotanas y siempre se hacen que la Virgen les habla.

El curita responde al nombre de Nicolás Aguilar Rivero y dejó tras de sí a 60 menores de edad violados en las parroquias poblanas donde ejerció su ministerio y 26 más en Los Ángeles, California, EUA, a donde fue desterrado con la intención de tender un manto de silencio y de olvido. Ahí contó a su vez con la protección del obispo de la zona Roger Mahony, su estancia en esa ciudad fueron vacaciones, como un año sabático, nunca un castigo.

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